Revalorizar Chapultepec
En el año 1994, en la ciudad de Chapultepec -ubicada en el centro de México D.F.-, se redactó un acta durante la Conferencia Hemisférica de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). En aquella oportunidad, políticos, académicos, abogados y directores de periódicos elaboraron un acta que contaba con 10 puntos para una mejor realización de la labor periodística. El objetivo era que estos principios pudieran perdurar durante el paso de los años. Lamentablemente, eso no sucedió.
18 años después de aquella cita, el Acta de Chapultepec parece obsoleta o, peor aún, utópica. La creación de polémicas y tendenciosas leyes de medios y la falta de acción de la Justicia, a la hora de las intimidaciones que reciben los periodistas, no son un buen síntoma.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ya no maquilla sus acciones contra la prensa, como sí hacen otros mandatarios. La ataca directamente manipulando la opinión pública. Seguramente no haya leído el cuarto principio de Chapultepec que se manifiesta en repudio a las intimidaciones, presiones y secuestros contra los periodistas. Desde su asunción, no se ha respetado ningún punto de este manifiesto.
Panorama similar es el que demuestran Venezuela y los países miembros de la esperanzadora "revolución bolivariana" con cierre de canales, apretadas a periodistas y leyes que apuntan a la censura de forma directa e indirectamente.
Aliado bajo el populismo bolivariano que Hugo Chávez predica en Latinoamérica, Ecuador es simplemente un ejemplo más extremo de acciones que cohartan la libertad periodística. Argentina tampoco respeta algunos puntos de esta acta, a pesar de que Cristina Fernández de Kirchner opine lo contrario. Evidencia de ello es el artículo 6 que alude a que "los medios y periodistas no sean objeto de discriminación". Programas como "6,7,8", "TVR" o escraches a periodistas, que desde el gobierno denominan como miembros de "la corpo", son simplemente algunos de los ejemplos de ello.
No está mal la existencia de programas oficialistas, siempre y cuando estos se limiten a brindar información generada por el sector público, tal cual indica el tercer principio del Acta de Chapultepec. La transparencia gubernamental es un requisito indispensable de una democracia pura. Lo que sí se repudia es la discriminación, cualquiera sea la dimensión que ésta conlleve.
Seguramente muchos periodistas no conozcan esta declaración de Chapultepec. Para ellos sería bueno refrescar dos puntos, el primero ("No hay personas ni sociedades libres sin la libertad de expresión y de prensa") y el noveno, aquel que destaca que "la credibilidad de un periodista está ligada al compromiso de la verdad".
Tal vez, varios periodistas, opositores, oficialistas o cualquiera sea la denominación de turno que se les haga, debieran desempolvar esta declaración y contextualizarla con el presente. Un ejercicio que también deberían hacer todos los gobernantes, diputados y senadores.
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