Elecciones primarias: los motivos de la victoria
En Santiago del Estero, 80.15%; Entre Ríos, 45.77%; Catamarca, 63.72%; Córdoba, 34.21%; Corrientes, 63.27%; Chaco, 60.98%; Formosa, 70.24%; Jujuy, 57.78%; Mendoza, 46.92%; Misiones, 63.78%; Río Negro, 59.97%; Salta, 62.27%; San Juan, 65.48%; Santa Cruz, 65.52%; Santa Fe, 37.87%; Tucumán, 65.45%; Tierra del Fuego, 61.97%; Buenos Aires, 53.09%; Ciudad de Buenos Aires, 30.08%.
¡Qué cantidad de números! Pero ¿dicen algo todos eso números/votos?
Está claro que la mayoría de la población aprobó la gestión de Cristina Fernández. ¿Las razones? Matrimonio igualitario, asignación universal por hijo, jubilaciones a cerca de dos millones de personas que por crisis y demases estaban por fuera de lo que marca la ley, paritarias anuales, etc. Además, para el elector más sofisticado, según los parámetros utilizados por Durán Barba: ley de servicios audiovisuales, impulso de los juicios a los genocidas de la última dictadura, apuesta al mercado interno cuando el mundo se cae a pedazos, proyecto de una nueva ley de tierras, etc.
La impresentabilidad de los candidatos opositores no explica, por sí sola, semejante aluvión de sufragios. En las columnas editoriales de los diarios opositores al gobierno avisan, reprochan, acusan recibo, que a nadie le importa el caso Schoklender o el resultado negativo de las pruebas de ADN a los hijos adoptivos de Ernestina de Noble. Increíble que alguien esgrima esos argumentos con la pretensión de que los votos vayan a Duhalde o Alfonsín. Quienes optaron por el oficialismo, porque consideran que el Gobierno Nacional defiende los derechos humanos, nunca hubieran elegido a la oposición por dos sencillas razones: les revuelve el estomago ver los manejos periodísticos y políticos que pretenden, y pretendieron, “pegar” a Hebe de Bonafini a los manejos ilegales de Schoklender; en segundo lugar, también saben que el resultado de ADN esperó diez años en conocerse por las trabas judiciales que impuso la defensa de Marcela y Felipe Noble; y que dicho en voz baja o, mejor aún, es vox populi que los abogados de Clarín conocieron el resultado antes que la propia justicia.
¿El voto fue conservador y/o impulsado por el consumismo que impone el actual modelo económico? Conservador es cualquier voto que no modifica la realidad política, eso está claro. Pero pasemos al consumo, tiene que existir algo previo para que el consumo sea posible, obviamente hablamos del trabajo. Para que la gente, el vecino o el ciudadano puedan consumir, deben tener, necesariamente, ingresos. Alguien podrá decir que los subsidios, la asignación universal por hijo, las jubilaciones o las paritarias son, en verdad, prácticas clientelares. Aceptemos por un momento el disparate conceptual que esconde dicho pensamiento, ¿clientelar significa que no se modificó la realidad económica de millones de personas? Todos esos planes también pueden ser llamados como políticas propias de un Estado de bienestar.
¿El INDEC? Evidentemente, la mayoría no cree determinante que el Gobierno falsee las estadísticas oficiales. Como siempre hay varias formas de entenderlo, es válido pensar que ninguna de las opciones políticas aseguraba un manejo transparente de la cosa pública, más la continuidad de un modelo económico que sacó de la pobreza a millones de personas, con un liderazgo político capaz de modificar la realidad y soportar los embates del poder económico. Parece mentira que un analista o un político puedan olvidar que las personas saben qué les espera cuando no hay un Gobierno fuerte (Alfonsín, De La Rúa).
Oposición
Antes de hablar de la oposición, es oportuno definir a qué se oponen. Es muy difícil hacer un corte derecha-izquierda al gobierno de Cristina Fernández. Es verdad que sus banderas más visibles intentan mostrar un rostro de centro izquierda, y vale decir que sus medidas más celebradas pertenecen a reclamos progresistas de antaño; sin embargo convive con gobernadores, intendentes, sindicatos, que tiene poco o nada que ver con ese espacio. Puede pensarse de una alianza estratégica, pero también de una imposibilidad propia a la hora de construir poder con figuras y partidos afines ideológicamente con las posiciones más progresistas. De todas maneras, existe la salvedad de que para formar una alianza hay que tener con quién. Aún aceptando la imposibilidad de construcción progresista, no se puede obviar el vacío político de ese espacio que sólo cuenta con algunas figuras de rápido ascenso y descenso en la consideración popular.
Alfonsín era una incógnita, sin pasado político propio fue catapultado a candidato por razones ya conocidas por todos. El Radicalismo, partido que sólo se sostiene por su estructura en las provincias, demuestra una vez más que está terminado. Si bien es el único partido con alcance nacional además del partido Justicialista, los errores (siendo generosos) cometidos por Alfonsín, padre, y De La Rúa, dejaron profundas huellas en el pueblo. En la Ciudad de Buenos Aires no existen; en la Pcia. de Buenos Aires apenas cosechan lo que alguna vez fue tradición partidaria. Por si fuera poco, tiene el inconveniente de presentarse como una alternativa de derecha cuando su figura, Ricardito, no cuenta con el beneplácito necesario de aquello llamado mercado. Pero no todo es malo para alguien que sólo podía aspirar a ser concejal en su pueblo, un 12% a nivel nacional es un buen resultado.
Duhalde no pudo cerrar su campaña, como el resto de los candidatos, porque estaba la posibilidad real de recibir un escrache. Todavía hay gente que no se olvida de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki (asesinados en el puente de Avellaneda). Sin embargo, cuenta con parte del aparato tradicional del PJ, además de ser la única esperanza de la derecha. Allí cosechó sus votos, la cantidad es el núcleo duro de la ideología de derecha en Argentina. Claro que para llegar a números competitivos, la derecha todavía necesita de “gente” más presentable, para eso están Macri o De Narváez. En este país, por ahora, no alcanza con ser de derecha para atraer sufragios del centro político ideológico. Pero eso no es todo, intentaron realizar unas pre-primarias con Alberto Rodríguez Saa, anulada a los primeros resultados adversos. Con denuncias cruzadas, mucha confusión, era tanto que ni los medios pudieron evitar mostrar y criticar la sin razón.
Alberto Rodríguez Saa, el único que pudo vencer en su tierra a Cristina Fernández. No es poco, teniendo en cuenta que en el resto del país la victoria fue contundente. Sin embargo no cuenta con el visto bueno del complejo multimedios argentino, un error estratégico de la derecha. Si había un candidato capaz de competir de igual a igual en todo el país era él, y no Ricardito con De Narváez en la Pcia. de Buenos Aires desnaturalizando todos los libros de historia del Radicalismo.
Carrió y Pino Solanas tal vez sean los casos más representativos de cómo las malas decisiones y la miopía ideológica hacen desaparecer de la consideración popular a personas que supieron aglutinar una cantidad importante de electores en el pasado reciente. Sin ir más lejos, Carrió fue segunda en la última elección presidencial. Pino Solanas era la sorpresa de la centro izquierda en la Ciudad de Buenos Aires. Sus egos no permitieron que formaran las alianzas políticas naturales para su actuar. Carrió con el radicalismo, Pino con el Frente Progresista. Esa pretensión, de ser más que el armado partidario, de suponer que la aparición constante en los medios es motivo suficiente para ganar todas las negociaciones intra-partidarias, los dejó solos y cosechando lo que sembraron. El discurso apocalíptico, la indignación medida y razonada, en esta elección no fueron suficientes.
Binner, junto a Rodríguez Saa, fue el candidato con bases más sólidas a la hora de mostrarse como una alternativa de gobierno. Viene de gobernar Santa Fe, junto a una alianza que incluye al partido Radical, de allí nacieron las negociaciones con Alfonsín que finalmente quedaron en la nada. Hizo lo que debía, impulsar la alianza que lo llevó a la gobernación pero a nivel nacional. Después de todo, sabe perfectamente que para ser una alternativa real de poder debe cerrar acuerdo con el único partido capaz de brindarle la estructura necesaria para gobernar. Excelente elección si tenemos en cuenta las escasas semanas de campaña, sin embargo en la construcción de los relatos políticos queda por fuera de la alternancia democrática frente al Kirchnerismo. Obviamente, la mejor opción a Cristina Fernández será alguien de derecha y no otro progresista más moderado o transparente.
El oficialismo esperaba un 40 ó 45% de votos, consiguió el 50%, quizás ese diez por ciento es el rechazo a todo el rejunte, improvisación y falta de alternativa de la oposición. Sin embargo no es un dato a festejar, las mejores medidas del Gobierno Nacional nacieron cuando el oficialismo veía una oposición frente a ellos. Luego, fue la plancha.
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