Una ciudad, dos historias
De ser un polo industrial con la metalúrgica SOMISA como eje económico de la región a ser uno de los destinos más visitados por el turismo religioso, San Nicolás de los Arroyos, ubicada al norte de la provincia de Buenos Aires, vivió una importante transformación en su sociedad y economía.
Miles de personas se reúnen todos los años para celebrar un nuevo aniversario de la aparición de la Virgen María en San Nicolás. Foto: Télam
A partir de la década del '50 se comenzó en el país un proceso de industrialización, impulsada por capitales privados, nacionales e internacionales. En ese marco surge la metalurgia y siderurgia en Argentina, encabezado ese proyecto por la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina, más conocida como SOMISA.
La economía de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos comenzó de esta manera a girar en torno a la planta ubicada sobre el arroyo Ramallo. El comercio y demás actividades se encontraron durante décadas fuertemente influenciadas por los salarios de los trabajadores de SOMISA y de las empresas satélites de la siderúrgica. En la década del 90, con el proceso de privatizaciones del menemismo, la historia cambiaría abruptamente.
A varios kilómetros de la planta, en un pasaje cercano al cementerio, la vida de una humilde mujer cambiaría para siempre un día de septiembre de 1983. La aparición de la imagen de la Virgen María a Gladys Motta generaría un fenómeno sin precedentes en la región. De ser unos pocos vecinos conmocionados por los hechos de a poco comenzaron a llegar los primeros peregrinos al lugar conocido como “el campito”. En la actualidad, cientos de miles de visitantes copan el barrio y la ciudad por el fervor mariano, y el santuario se levanta imponente con una cúpula que se puede divisar desde la autopista.
Ricardo Primo es de los historiadores más reconocidos de la ciudad por sus trabajos de investigación y su lucha por la recuperación de la memoria de toda una región. Primo es autor del libro “Somisa. Una historia de acero” y cuenta como repercutió en la sociedad nicoleña la privatización de SOMISA: “El Plan económico del Radicalismo durante la presidencia de Alfonsín, debido a la fuerte deuda externa heredada del régimen militar contemplaba una serie de medidas entre ellas la privatización de SOMISA. Esto produjo una profunda sensación de inseguridad y temor en la mayoría de los ciudadanos de la región que se sumaron a una lucha contra estos planes impulsados por el gobierno. Ahí se encontraban enlazados sectores peronistas, comisión de defensa de SOMISA y sectores gremiales”.
“La lucha por la defensa de SOMISA rindió sus frutos en esta primera etapa y se salvó la principal fuente de ingreso. Pero el gobierno neoliberal de Menem, apoyado en el voto peronista y de amplios sectores de la población que lo consideraban defensor de los intereses populares, encaró un Plan de Emergencia Económica quedando sujeta SOMISA a un plan de privatizaciones que comenzó a llevarse a cabo a través de los mal llamados "retiros voluntarios" donde los trabajadores eran conminados a dejar su trabajo, al ser redistribuidos los sectores de producción, diversificada la misma y eliminadas secciones que se consideraban "no productivas" o "innecesarias"– prosigue Primo.
De esta manera, cerca de diez mil personas quedaron sin su fuente de trabajo lo que produjo en un primer momento un boom económico generado por la expansión de comercios de bienes y servicios. Las indemnizaciones arrojaron en la región alrededor de 150 millones de dólares, y los ex obreros de la planta comenzaron a buscar alternativas para la subsistencia luego de la privatización de SOMISA.
Conjuntamente en el tiempo con este proceso, se daba en la ciudad el crecimiento exponencial del fenómeno religioso desatado por la aparición de la Virgen de San Nicolás. El hecho fue trascendiendo desde 1983 y la Iglesia Católica apoyó la invocación y la construcción de un santuario mariano. La dimensión social del fenómeno tomó mayor dimensión y la ciudad comenzó a cambiar su rostro lentamente.
Ricardo Primo afirma: “La gente comenzó a volcarse a la devoción de esta imagen, que según cuentan descansaba olvidada en la Catedral de San Nicolás. Lo cierto es que durante esos primeros años, el fenómeno se enriqueció socialmente con miles de personas que acudían allí para orar, pidiendo por su fuente de trabajo. Otros por conseguir nuevas relaciones laborales y muchos ex somiseros y familias ligadas al quehacer siderúrgico se relacionaron tanto por la fe como por la explotación económica de la afluencia de miles y miles de personas todos los años.” Las dos caras de la ciudad de San Nicolás, la industrial y la religiosa comenzaban a mirarse de frente.
En una ciudad apremiada por los avatares de la economía de los noventa, sumados los retiros voluntarios y despidos de la principal planta del eje industrial San Nicolás-Ramallo, la llegada de peregrinos dio una luz de esperanza para un resurgimiento de la economía. Comenzó a hablarse de “industrias sin chimeneas” refiriéndose a las posibilidades de explotación de un turismo en franco crecimiento. A lo lejos, en la vera del Paraná se recortaba la silueta de la planta que había dejado afuera a tantos obreros.
La Municipalidad de San Nicolás a su vez tenía otros desafíos en una ciudad cambiante. Numerosas problemáticas se inauguraron en los albores de los noventa. Los peregrinos requerían servicios y los comercios relacionados al ramo florecían en los alrededores del “campito”. Sectores como el de tránsito, limpieza y las habilitaciones municipales debieron ser modernizados a la fuerza. La promoción del Ente Mixto Turístico Nicoleño es un botón de muestra de las modificaciones impulsadas por el municipio.
Así, San Nicolás de los Arroyos, pasó de ser “la ciudad del Acuerdo”, a ser conocida como “la capital del acero argentino”. Una década menemista y un fenómeno casi sin precedentes en la región en lo religioso le dieron un nuevo mote y un recién estrenado rol de “ciudad de María”. Muchas realidades para una misma ciudad. “Pasó a ser una ciudad que apuesta fuertemente al turismo de devoción, con hoteles en continua construcción y un comercio que se adapta a esta situación a pesar de la recuperación industrial de la ex SOMISA hoy llamada TERNIUM”, continúa Ricardo Primo.
En la actualidad, muchos de aquellos obreros de la planta ubicada sobre el arroyo Ramallo, dependen económicamente de este movimiento religioso, el cual año tras año muestra un gran crecimiento, principalmente luego de la crisis del 2001, donde la falta de trabajo y problemas económicos, empujaron a muchas personas a volcarse hacia la fe católica. Una realidad compleja para un mismo fenómeno, que acepta diversas miradas.


















