Sociedad

Solidaridad color Rosa

por Guillermina Pérez de la Fuente desde | 14.04.11

Se trata de las Damas de Rosa, un grupo de mujeres que prestan ayuda de forma desinteresada en hospitales y centros maternales de la Ciudad y Provincia de Buenos Aires. Lejos de la medicina, sirven de apoyo y contención a pacientes y familiares.

RECOMIENDE ESTA NOTA
Su Nombre
Su Email
Email destinatarios (separar con comas, máx 5 destinatarios)
500 caracteres Comentario (opcional)
Damas de Rosa

Más de 400 mujeres prestan ayuda en distintos hospitales bonaerenses.

Son más de 400 mujeres, de distintas edades, que pasan sus días en hospitales y centros de salud prestando apoyo, contención y una mano amiga a enfermos y familiares que aguardan con miedo el transcurrir de enfermedades en un espacio ajeno y desconocido.

Voluntarias vestidas de color rosa que, desde sus posibilidades, trabajan junto a profesionales médicos a cambio de, nada más ni nada menos, que una sonrisa cálida que haga valer el esfuerzo. 

Reconocidas desde hace años, fueron convocadas por autoridades del partido de San Isidro para prestar ayuda al Hospital Central de esa localidad y así alivianar y dinamizar el funcionamiento de un sistema de salud concurrido y falto de personal.

“Nosotras prestamos un servicio dentro de ciertos hospitales ayudando al enfermo y a su círculo, no somos ni la parte médica ni la de enfermería, sino que estamos detrás de todos ellos. Primero está el médico, después las enfermeras, luego la gente del servicio de limpieza y por último las Damas de Rosa”, afirmó Lidia Ana Díaz, presidenta de la asociación.

Con el espíritu propio de aquellos grupos con ganas de aportar su granito de arena más allá de las trabas propias de un sistema burocrático en exceso, las Rosadas, como les dicen en el barrio, formaron la institución partiendo de un total de 46 mujeres en el año 1959 para, en la actualidad, alcanzar las 420 voluntarias que dan el presente de forma incondicional. El Hospital Central San Isidro, el Rivadavia y el Materno Infantil, más que agradecidos.

Trabajo de hormiga

“Nuestra tarea consiste en lidiar con el enfermo desde el momento en que llega al hospital hasta que se va; lo acompañamos hasta donde se tiene que instalar, lo ayudamos con los trámites propios del ingreso y buscamos servir de apoyo al entrono familiar, al que otorgamos un papel clave en el proceso de recuperación”, dijo Lidia.

Trabajan turno mañana y tarde, sábados y domingos preparando mamaderas, asistiendo a bebés prematuros y pacientes en terapia intensiva y participando en programas de medicina preventiva de ciertas enfermedades sin recibir nada a cambio; es más, por increíble que parezca, deben aportar una cuota mensual para mantener la organización y garantizar su normal funcionamiento. La clave del éxito: las ganas incondicionales de gente colaboradora.

Cualquier persona puede acercarse a dar una mano, desde los 21 años, en hospitales y, desde los 18, en un jardín maternal en el que trabajan todos los días del año. No hay condición alguna más que tener ganas de cuidar a chiquitos desde los 45 días de vida a los 3 años, que permanecen allí a la espera de sus mamás.

El color rosa

Sus delantales las identifican como miembros del voluntariado, pero ¿por qué el rosa? El tema deviene de las guerras europeas del siglo XX, donde las ayudantes que colaboraban en tiendas de campaña médicas manchaban su ropa con sangre, los mojaban, escurrían y secaban dando como resultado el rosa.

Desde ese momento, sus guardapolvos son símbolo de reconocimiento en un ambiente en el que se convive con muerte, enfermedades y angustia. “Las madres y familias en general se acercan agradecidas por nuestra intervención, porque a veces las cosas que no le dicen a los profesionales se las dicen a las Rosadas, que lejos de los conocimientos médicos prestan otro tipo de ayuda”.

“Tenemos, incluso, un caso de una voluntaria que se salvó de que la roben. Hace tres o cuatro años entró a comprar a una fiambrería y atrás entraron un grupo de delincuentes que inmediatamente dijeron: la Rosadita no se toca porque siempre nos da una mano”, contó Lidia entres risas.

Siendo el apoyo familiar su gran pilar y sostén, la vocación de servicio de estas mujeres puede más que el agotamiento diario. “La mayoría tenemos la suerte de tener familias que nos apoyan, sino sería muy difícil. Es inevitable que nuestros hijos renieguen un poco y nos pidan que nos quedemos más en casa, pero al mismo tiempo se ponen contentos de que hagamos lo que queremos y lo que nos gusta". Aseguran que una sonrisa vale más que el esfuerzo. 

Links de interés:


Damas de Rosa

Otras notas que te invitamos a leer
Comentarios
La utilización que haga el usuario de la herramienta de publicación de comentarios, presupone la aceptación de las Condiciones Generales, y de las pautas establecidas en el presente reglamento.