Por los restaurantes del mundo, en taxi
Layne Mosler recorre diferentes ciudades del globo a bordo de este medio de transporte en busca de “enigmas gastronómicos”. Tras varios años, hoy ella es taxista y recomienda lugares para comer en Nueva York.
Layne Mosler recorre ciudades del mundo arriba de los taxis en busca de lugares típicos para comer. Foto: Ross Mantle / Taxi Gourmet.
“Hola, ¿me podría llevar a un buen lugar para comer?”. Con esa pregunta, Layne Mosler comienza casi siempre sus viajes en taxi, el medio de transporte que elige para recorrer ciudades, pero sobre todo para encontrar zonas secretas adónde comer.
Nacida en California hace 36 años, esta antropóloga decidió recorrer el mundo en busca de los enigmas gastronómicos que las guías turísticas no revelan.
Sus “aventuras taxistas” -como ella llama a los viajes en taxi- la llevaron a Berlín, San Francisco, Nueva York y Buenos Aires.
Layne siempre tuvo una relación peculiar con el arte de cocinar y comer: nació en una familia “obsesionada” por la comida. “Nuestra vida se organizaba alrededor de las comidas, que siempre fueron una fuente de alegría”, recuerda.
Desde joven comenzó a trabajar en restaurantes, haciendo de todo: cocinaba, lavaba platos, tomaba pedidos, servía, atendía a la gente.
Con los años se dio cuenta que le gustaba más escribir sobre comida que trabajar en restaurantes. Y la vida la trajo a Buenos Aires.
Después de un año y medio en tierras porteñas, Layne seguía con la mira puesta en los misterios gastrómicos y se dio cuenta que los taxistas le estaban enseñando más sobre la ciudad “que cualquier otra persona” que había conocido.
“Me dije: si los taxistas saben tanto sobre Buenos Aires, tienen que conocer los mejores lugares para comer”. Así, la primera vez que le pidió a un taxista que la llevase a comer, el chofer, Enrique, le recomendó la Parrilla Peña en Tribunales.
“Ese restaurant sigue siendo uno de mis lugares favoritos para comer una buena carne y una exquisita provoleta”, dice Layne.
Casi sin querer, se gestó Taxi Gourmet: “Nació en esa primera aventura. Cuando me di cuenta de la magia que encontraba en ese taxi con Enrique que me seguía hasta salir de su parrilla preferida, sabía que había empezado un proyecto y una aventura que iba a crecer e ir bastante lejos”.
De la mano de las nuevas tecnologías, comenzó a reflejar sus peripecias arriba de los taxis y los lugares que había descubierto en sus búsquedas.
Lo que comenzó en un blog de Internet terminó siendo publicado en The Wall Street Journal, The Washington Post, The Economist, Conde Nast Traveler, The Guardian y La Nación, y emitido en la cadena de noticias ABC News. Además, Taxi Gourmet tiene proyectado continuar con su recorrida gastronómica por las ciudades de Nápoles, Estambul, Beirut, Teherán, Lima, Tokyo, Londres, Chicago y Nueva Orleans. También se proyecta un libro con las mejores “aventuras taxistas” en todas las ciudades recorridas.
Y, más allá del lugar, siempre los taxis son la principal escenografía y los taxistas los protagonistas.
Guías espirituales
“La comida es la puerta hacia el alma de un lugar. Pero además de un buen restaurante, yo quiero saber cómo está relacionado con la historia del taxista. Hace cuánto que va a ese lugar, cómo lo encontró. Cuando el taxista empieza a contestar estas preguntas, desarrolla una historia que va más allá de la comida”, explica Layne.
Para ella, los hombres y mujeres que manejan los taxis son los que mejor conocen los secretos de las ciudades, sus ritmos y sus personajes: “Cuando uno se relaciona con tanta gente distinta todos los días, durante tantas horas, es inevitable que la sabiduría forma parte del trabajo. Diría que los taxistas son como una especie de guía espiritual de las ciudades”.
Desde Berlín, Layne afirma que el taxista de Buenos Aires es muy diferente a los del resto de las metrópolis que recorrió.
“El taxista es porteño o es de provincia. En Buenos Aires, muy pocas veces uno se encuentra con taxistas de otro país de América Latina. Es muy espontáneo, y le gusta comer carne, carne y más carne. En otros lugares, como en Nueva York, el taxista es gente más reservada y de muchos países diferentes”, sostiene.
Gracias a los choferes de Buenos Aires, Layne tiene un top 5 de los mejores restaurantes locales: además de la “Parrilla Peña”, aconseja comer en la pizzería “Albamonte” de Chacarita, probar los alfajores de la panadería “Santa Teresita” de Las Cañitas, comer empanadas tucumanas en “La Aguada” de Barrio Norte y pastas en “Spiagge di Napoli”, en el barrio de Boedo.
Al volante en NYC
Luego de pedirle a los taxistas que le recomienden lugares para comer, Layne volvió a Nueva York y se convirtió ella misma en una de las 500 mujeres conductoras de los míticos 48 mil “yellow cabs” que recorren la Gran Manzana.
“Quería experimentar el trabajo desde un lugar mas íntimo. Tenía algunas ideas muy románticas sobre los taxistas y me di cuenta que la única forma de lograr una comprensión más amplia y verdadera del oficio era hacerlo”, explica su decisión.
En sus días atrás del volante, Layne rastreó “aventuras taxistas” al revés: ser ella la que recomiende lugares para comer a sus pasajeros.
La primera experiencia no fue del todo alentadora: “Subí a una pareja en el Waldorf Astoria (uno de los hoteles más lujosos de la ciudad) que estaba yendo a la casa de unos amigos para comer “brunch” (una comida intermedia entre el desayuno -breakfast- y el almuezo -lunch-). Me preguntaron si yo conocía una buena panadería en el Upper East Side donde pudieran encontrar buenas facturas. Yo no tenía la menor idea. Gracias a Dios, la pareja no conocía a Taxi Gourmet”.
Luego de esa primera prueba fallida, Layne comenzó a recomendar restaurantes y a llevar a los pasajeros a los lugares donde ella suele comer durante la vorágine neoyorkina.
“Me gusta compartir el placer de comer con la gente. Me gusta poder llevar a una persona a un lugar que nunca iba a encontrar por su cuenta. Lo considero un deber de ser taxista”, sostiene.
Sin duda, los años que vivió en Buenos Aires marcaron a Layne. Por eso, cada vez que hace un stop en su trabajo con taxista por las calles de Nueva York conversa sobre comida y sobre Taxi Gourmet con sus colegas en el “taxi garage”.
“Piensan que soy una loca”, confiesa. Uno de sus compañeros se llama Daniel, argentino, porteño de Villa Devoto. “Yo iba en busca de una buena empanada argentina en NYC para compartir con él pero los dos decimos que hasta hoy no se encuentra”.
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