Fotografía solidaria
12.02.12
El Malba realizará una subasta de 310 fotos, que se pueden ver en Centro Cultural Recoleta, a Beneficio de las fundaciones Save the Children y el Instituto Fleni.
Fotografía de Diane Street-Deaton
Un total de 310 obras sobre 17.000 envíos de la Bienal Internacional de Fotografía Artística y Documental se exhiben en el Centro Cultural Borges para ser subastadas el próximo martes en el Malba a beneficio de las fundaciones Save the Children y el instituto Fleni.
El requisito de la selección fue la calidad, y la consigna de que a través de las distintas etapas de evaluación entraran las fotos si un jurado las aceptaba, en un reconocimiento de las subjetividades y la diversidad.
Es difícil hablar de semejante material si no se ordena la mirada de algún modo, ya que tanto en el espacio de exhibición como en el catálogo, no se han demarcado líneas conceptuales para asistir al público, una impresión buscada según dijo el curador y gestor del concurso Julio Hardy que no quiso "influir la mirada de ningún modo, para dar libertad al espectador".
Hay muchas fotos documentales pero de inmensa potencia estética, como la que nos muestra una escuela de Etiopía donde los niños desnudos aprenden los números frente a un pizarrón, o las de Barbara Bertramello de Italia en barrios marginales y niños jugando en callejuelas perdidas.
La escena frente a una precaria casa de piedra, donde mujeres y niñas posan cubiertas con pañuelos en Marruecos del noruego Torkil Faeroe, o la muñeca de Andrea Camuto, que revela el abandono de una pobreza olvidada en algún lugar de los Estados Unidos.
En la selección aparecen contrastes como los desplazados por las inundaciones en Perú, de Kerry Miller y "Vivir en el agua" de Glen Richards.
O las impecables fotos de Bosnia del argentino residente en Francia Emmanuel Ortiz, todas en riguroso blanco y negro, en tomas directas que se acerca a la estética de Cartier Bresson.
Ya en color, pero en la misma tónica de la crónica, están, "la plegaria en el Cairo" una toma cenital de una muchedumbre con aires de cancha, o la parábola de "La tierra juega en Haití", donde un niño remonta su barrilete sobre una loma con vistas a un valle de casillas después del terremoto.
Esos trabajos constituyen un manifiesto estético, y también hablan de los autores tangencialmente, como "las mujeres haciendo Alwa" en Afganistán o el grupo que se esconde bajo sus "burkas" negros, agachadas contra un graffiti de "Metallica" de la iraní Reza Golchin.
Hay cantidad de retratos como los coloridos niños peruanos o los del Ecuador; están las fotos simulacro, teatrales y escenográficas como "Jugando a suicidarse" de Floria González de México e innumerables fotos de estudio, trabajadas como en publicidad, o retratos de familia como la "última cena" del mexicano Juan Jesús Aguilar.
Hay bellísimos paisajes envueltos en bruma, como pinturas impresionistas, hay experimentación, sobreexposición y trabajo de laboratorio.
En fotoshop sobresale la imagen de tapa de la israelí Dina Bova, una exquisita expulsión del paraíso, donde una pareja desnuda pero de espaldas, y cargando cada cual su maleta se aleja sobre el terreno combado de la superficie terráquea.
En "La mujer detrás de la cámara" hay numerosas alusiones al cuerpo, como la serie del registro de la evolución de su propio cáncer de Kerry Mansfield, o la tremenda imagen de la anorexia, además de cuerpos pintados, mujeres en burbujas en medio de Barcelona, un collage del génesis de la egipcia Nermine Hamman, y diversas alusiones al trabajo infantil y la violencia.
En "Las incubadas" la española Alicia Moneva, opera con la repetición y la escala, al entregarnos pequeños cuerpos metidos en receptáculos como insectos.
Cabe remontarse a los comienzos de la fotografía, tiempo en que esta disciplina era considerada como una herramienta más, pero que dio pie a la independencia de la pintura.
Una época en que los nuevos fotógrafos se rebelaban copiando motivos pictóricos -lo que se llamó la fotografía academicista- aunque luego le otorgaron al trabajo a través del lente su propia entidad artística.
Tal el caso de la fotógrafa que se homenajea en este certamen, Julia Margaret Cameron (1815 - 1879), que experimentaba con la luz y el tiempo para obtener algo más que la imagen congelada.
En estos días de nuevas tecnologías, y cuando mucho se habló del fin de la pintura, podemos ver cómo estos fotógrafos de distintas latitudes se acercan cada vez más con sus creaciones al mundo imaginario y no tanto, de las bellas artes, disolviendo los límites y las etiquetas en función de lo que quieren trasmitir.
Esta multiplicidad de miradas que producen paisajes de cuentos, oníricos, intentan plasmar los sueños, nos acercan las realidades más crudas o simplemente hacen foco en lo cotidiano, se pueden ver hasta el 27 de febrero en el Borges o visitar en www.bienal2012.com.




















