El triunfo de Delerium
El artista Juan Miceli no proyecta, ni boceta. No pinta, no esculpe, no diseña: contagia. ¿Qué? Ideas que se le estancan en la cabeza el tiempo que dura una pitada y con la velocidad del humo, recrea, modifica y se expande. Un universo sin reglas, un arte libre y un discurso brillante. Arte sin teoría, para la razón y el asombro.
deleriUm de Juan Miceli. Fotografía de Paola Cicchini
Voy a plantear esta entrevista como un estudio formal, una tesis que se llevará a cabo en el barrio de Chacarita, a media cuadra de la calle Warnes. Ahí, en su casa/taller, Juan Miceli me recibe, tiene el pelo atado, los ojos cansados y fuma. Miceli estudió la carrera de Diseño de Indumentaria en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Trabaja en cine, radio y publicidad como director de arte, redactor y/o vestuarista. Hasta la fecha expuso en lugares tan disímiles como Galería Objeto a, Rayo Lázer, Fundación Areatec, Edificio Cassará, Fondo Nacional de las Artes, Wallrod, Ave Porco, Centro Cultural Recoleta, Espacio Urania Giesso y una.casa, entre otros. Actualmente está haciendo la dirección de arte del policial holandés "Tape" dirigido x Diederik Van Rooijen.
En el living me quedo solo, Juan se fue a buscar un café. Miro los estantes repletos de pequeños superhéroes, piernas y brazos de muñecas, cabezas como pelotas olvidadas, muebles que fueron nuevos en otra época y resisten la moda y los estilos. También hay libros apilados, pero no llego a ver los títulos, y discos, y cosas, muchas cosas. Su casa es un gran cementerio de plástico que resiste la muerte comercial, un taller donde cientos de juguetes sobreviven y esperan que sus manos los obliguen a formar parte de algo. Miceli inventó la técnica “Miasma” para construir su obra, básicamente un fundido muy tercermundista por capas de elementos plásticos y orgánicos.
Tarea compleja. Primer intento de definir la obra de Juan: Micheli es un artista que mira el momento que lo rodea y que con datos implantados, desclasifica y cuestiona el mundo y la cultura que lo contiene.
El café tiene gusto a café, cosa no menor en un universo dende todo es resignificado, cuestionado y desclasificado. Escuchar a Juan es una entrega. No puedo ubicarlo en una corriente, no hace Trash Art, no es Pop, pero los dos movimientos están por todos lados, como la composición que niega, y el diseño que practica fuera de este hobby que es trabajo y vocación.
“A medida que pasa el tiempo estoy cada vez más convencido de que la práctica artística es algo que me posee, una fuerza raptor que me toma como instrumento -y médium-. Y esto no tiene nada que ver con eventos paranormales ni con pensamientos al estilo nueva-era. Es solamente la forma en que creo que el asunto funciona y encuentro, a través del arte, mi propia manera de pelear, mi estrategia y mi salvoconducto”.
Tal vez por eso mis esculturas recuerdan a monstruos (o los invocan) y mis instalaciones plantean muchas veces mundos que pueden ser vistos como aberrantes. Me atrae sobremanera la pulsión de invertir el orden...
En su estudio, un ex lavadero, antesala de una terraza en donde sus creaciones cuelgan o soportan una modificación tras otra, Juan va presentando su materia prima, que de primaria no tiene nada. Plásticos, huesos, dientes –reales y prótesis–, juguetes, cables como venas que transportan cobre, botellas vacías y todo aquello que le impida proyectar. A él le gusta el juego de la improvisación. La idea: liberar los seres que lo habitan.
“Si me interesa reflexionar acerca de mi obra, buscar un recorrido, preguntarme cuáles son mis obsesiones e intrigas filosóficas, pero eso es algo que ocurre a posteriori.” Y agrega: “Estoy convencido de que la práctica del arte es una herramienta de transformación del contexto, algunas veces a escala micro, otras con un alcance mayor.”
De golpe algunas ideas hilvanan un razonamiento que creía olvidado. Empiezo a entender, voy a volver a intentarlo. Segundo intento de definir la obra de Juan: Miceli siente que todos queremos ser superhéroes y terminamos siendo monstruos. ¿Por eso sus creaciones? ¿Por eso jugué a ser Acuaman y terminé siendo periodista?
“Me interesa cuestionar este exótico ser que somos. ¿Cómo hablar de nosotros sin hacer referencia al animal que fuimos/somos, sin aludir a lo mecánico y tecnológico como algo que está insertado -léase injertado- en nuestros cuerpos?”
Juan siente que hay varios mundos. Uno debajo del agua, otro que vemos y miles en el interior de cada uno. Y tal vez más, uno que Goya retrató en una aguafuerte y aguatinta en 1799 bajo el nombre: El sueño de la razón produce monstruos.
“Tal vez por eso mis esculturas recuerdan a monstruos (o los invocan) y mis instalaciones plantean muchas veces mundos que pueden ser vistos como aberrantes. Me atrae sobremanera la pulsión de invertir el orden: hacer que mis esculturas colgantes floten, torcer el destino de aquellas cosas que debían descartarse.”
Y ahí, como si fuera un Frankestain posmoderno, la función teórica de un objeto o de un ser humano, ungida por la sociedad, es reinventada en su terraza. Y no importa si una pieza formaba parte de otra escultura y ahora está en la boca de su perro Tomás. Juan la rescata de los colmillos y la cuelga de la cola de una sirena, aunque hace unos días no le pertenecía. Era otra cosa, ¿y mañana? Dónde estará. ¿Dónde estaremos? ¿Cómo será?
No tengo idea dónde se ubicará su obra en el mercado, a él parece no importarle, tampoco el destino de sus obras. Igual que cuando se define y ejecuta una performance que varía en el tiempo, Juan me miente. No me importa. Me voy.
En la esquina, el ladrido de su perro me detiene. ¿Será Tomás alejando a un caminante desde la terraza? O le ladrará a la última creación de su amo. No lo sé, como la tesis que me planteé en el comienzo de la nota. Sin embargo debo escribirla. Desde la escuela primaria un monstruo me condenó de por vida a terminar la tarea. Tercer intento de definir la obra de Juan: Miceli es un artista de su tiempo, uno que crea como vive, y vive gracias a lo que hace.
Brutalia_instalación
Brutalia, una instalación de J. Miceli
Brutalia es un ensayo de instalación, un experimento al aire libre en el que diferentes capas geológicas de mi producción artística se superponen. Brutalia me lleva directo a revisitar mis obras más monstruosas, en las que mi técnica estaba aún muy cruda. Y acercarme a lo monstruoso me lleva a redefinir direcciones. Y en la práctica a seccionar, desarmar, amputar y germinar lo que no era y ahora es. Insisto. Trato de definir Brutalia, pero nunca llego a saber qué es. Porque se hace todo el tiempo.
18/12/2010 20.00hs Inauguración
Museo Jardín de las Esculturas
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Del 18/12/2010 al 18/03/2011





















